Aviso

 

Como lo advertíamos en el artículo pasado,  este año será definitorio y la batalla por la autodeterminación nacional será librada con intensidad en el frente interno y en el internacional.

Esta semana que pasó vimos el despliegue del imperialismo más agresivo que nunca, como consecuencia de la soberbia supremacista y la incultura política de quien lo dirige. Vaya por cierto nuestro abrazo bolivariano a los dignos pueblos hermanos de Haití y El Salvador víctima de agresiones xenófobas y racistas por parte de Donald Trump. Que nuestra indignación se convierta en aliento para reimpulsar los esfuerzos de unión latinoamericana y caribeña.

En el esquema clásico de periodización de la mal llamada “historia universal”, la Edad Contemporánea arrancó con la Revolución Francesa (1789); pero en América Latina el proceso correspondiente constituye la Independencia, aunque con sustanciales diferencias: mientras en Europa se instaura el capitalismo y ascienden las burguesías, acá no hubo revolución industrial; y la independencia, aunque tuvo participación y hasta intereses populares (liberar esclavos, redimir a los indígenas, instaurar democracias republicanas) impuso el poder de los criollos.

Durante el siglo XIX y hasta bien entrado el XX, en América Latina rigieron sistemas oligárquicos, de base terrateniente, comercial y hasta bancaria, pero con ausencia de capitalismo, pese a la constitución de reducidos núcleos de burguesías.

Prohibido ver lo evidente. Esta suerte de sentencia encontrada en un mural callejero le viene como anillo al dedo a todo aquel que ignora la continuada agresión económica que viene sufriendo Venezuela en los últimos años. Se puede legítimamente estar a favor o en contra de las decisiones económicas tomadas por el presidente Nicolás Maduro. Todo debate económico es bienvenido. Sin embargo, el desconocimiento del conjunto de acciones orquestadas desde múltiples ámbitos en contra de la economía venezolana resta rigor a cualquier tipo de análisis. Dejar de lado lo que Venezuela está afrontando en forma de multiagresión permanente en materia económica es un acto de irresponsabilidad deliberada.

JPEG - 25.6 KB 

Un reciente artículo de Bloomberg ha revelado de qué manera un grupo secreto de Facebook permitió crear un ejército de troles [1] a favor de gobiernos, incluyendo en la India, como medio de propaganda tendiente a manipular las elecciones [2].

Bajo la luz de los proyectores debido al papel que ha desempeñado Facebook como plataforma de propaganda política, el cofundador de esa empresa, Mark Zuckerberg, ha respondido que su misión va más allá de las diferencias entre partidos políticos.

Pero la realidad es que Facebook no es un simple espectador en materia de política. Lo que no dice Zuckerberg es que su compañía colabora activamente con partidos y dirigentes, incluyendo a los que utilizan esa plataforma para

Introducción
La revolución rusa puede ser definida sin problemas como el suceso histórico más importante del siglo XX. Se trata del primer hecho de impacto mundial en el verdadero sentido de la palabra. Su influjo fue determinante para el desarrollo posterior de los acontecimientos. Tanto así que el historiador Eric Hobsbawn llegó a delimitar, como se sabe, el siglo XX por el ciclo vital abierto tras la revolución de octubre, que entre otras cosas “originó el movimiento revolucionario de mayor alcance que ha conocido la historia moderna” (Hobsbawn, 1998, p. 63). Su influencia se deja sentir de diversas maneras, incluso en nuestros días.