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"La masacre de las bananeras es un mito histórico". Esta fue la frase que, una vez más, convirtió a María Fernanda Cabal en la tendencia número uno de Twitter. La dijo en un programa radial que se emite en la W.

En la red social arremetieron contra la congresista del Centro Democrático. Ella se defiende. "Los ignorantes son ellos (los tuiteros) que se dejan llevar de los mitos que han tergiversado la historia de Colombia. En esa masacre murieron más soldados que trabajadores, porque los trabajadores estaban usando armas", aseguró en diálogo con El Espectador. 

Según Cabal, su afirmación está sustentada en el libro 'Las Farc, fracaso de un terrorismo', escrito por  Eduardo Mackenzie.La congresista se aferra a ese texto para reafirmar su expresión.  Lea también: El mito de las bananeras por dentro

"La confrontación si existió. Lo que se convirtió en un mito es el hecho de que la masacre la cometiera el Ejército contra unos trabajadores que estaban desarmados.  Eso es mentira, los trabajadores fueron armados por la Internacional Socialista y fueron ellos los que atacaron a la fuerza pública".

Para Cabal, otra "gran mentira es la cifra de muertos de la que se habla". Según dice, el gran culpable de esta "mentira histórica, es Gabriél García Márquez". 

"García Márquez se inventó que en las bananeras hubo 3 mil muertos. Usted hoy en día no consigue ese número de trabajadores. Él tiene la responsabilidad de distorsionar la historia inventándose esa cifra de trabajadores asesinados. Él era una figura literaria y como él utilizaba el realismo mágico, uno no sabe si lo hacía como parte de su creatividad o como parte de su maldad por ser militante del partido comunista.  Hay gente que lo sigue repitiendo eso como un hecho histórico". Además: Catalina Ruiz Navarro no sabe leer a Gabriel García Márquez

El propio Gabo se refirió a este tema en una entrevista que concedió a la televisión británica en 1990.

"Fue una leyenda, llegó a ser tan legendario que cuando yo escribí Cien años de soledad pedí que me hicieran investigaciones de cómo fue todo y con el verdadero número de muertos, porque se hablaba de una masacre, de una masacre apocalíptica. No quedó muy claro nada pero el número de muertos debió ser bastante reducido. Lo que pasa es que 3 ó 5 muertos en las circunstancias de ese país, en ese momento debió ser realmente una gran catástrofe y para mí fue un problema porque cuando me encontré que no era realmente una matanza espectacular en un libro donde todo era tan descomunal como en Cien años de soledad, donde quería llenar un ferrocarril completo de muertos, no podía ajustarme a la realidad histórica. Decir que todo aquello sucedió para 3 ó 7 muertos, o 17 muertos… no alcanzaba a llenar ni un vagón. Entonces decidí que fueran 3.000 muertos, porque era más o menos lo que entraba dentro de las proporciones del libro que estaba escribiendo. Es decir, la leyenda llegó a quedar ya establecida como historia”.

Pese a que se diga lo contario, la Masacre de las Bananeras, será recordada como el mayor crimen contra los trabajadores colombianos, en una época en que empezaban a organizarse en sindicatos, para exigir condiciones dignas y justas de trabajo.

Es un hecho histórico, en la Universidad Nacional se suele presentar recuerdos de lo ocurrido en Ciénaga, Magdalena

"Con esta muestra se quieren hacer visibles las reivindicaciones sociales que con el tiempo terminan acalladas y olvidadas, los relatos surgidos de los libros, las canciones populares, y la tradición oral surgida de la masacre, todas en busca de una respuesta real que muy posiblemente nunca salga Ciénaga".

Sobre las razones que motivaron a los trabajadores a levantarse, Vanessa Vallejo V, en un texto publicado en Radio Nacional de Colombia, explicó:

El poder de la multinacional

La multinacional United Fruit Company se estableció en esta zona hacia comienzos del siglo XX y en menos de 20 años había logrado apoderarse de una gran cantidad de terrenos baldíos en la zona. Arturo Bermúdez, historiador y profesor de la Universidad del Magdalena, habla que muchos de los personajes insignes de la sociedad samaria de esa época también se hicieron los de la vista gorda con las injusticias que venía cometiendo la compañía.

En los primeros años, la multinacional logró llevar a la quiebra a pequeños campesinos, venidos en su mayoría de otras zonas del país como Antioquia y Santander, que se dedicaban al cultivo de tabaco, cacao, caña de azúcar y café que durante muchos años habían sido los productos principales en el desarrollo de la economía regional.

Posteriormente, la empresa comenzó a cobrar cada vez más por los servicios de transporte de estos productos, razón por la cual estos pequeños proveedores tuvieron que dejar los cultivos tradicionales de la zona y dedicarse a sembrar banano.

De igual manera, gran parte de estos campesinos y poblaciones rurales de los municipios de Ciénaga hasta Fundación, en la actualidad, debieron comenzar a trabajar en las plantaciones de la compañía.

“Los trabajadores vivían en muy malas condiciones, trabajaban jornadas de más de 12 horas, sin descansos, no había puestos de salud, ni se les pagaba con moneda colombiana sino con unos bonos que tenían que cambiar por productos en los comisariatos, que eran unas tiendas que la multinacional tenía. La flota blanca que fue como se llamó a los barcos que llevaban el banano a Estados Unidos y Europa, se iba cargada de banano y llegaba llena de productos que distribuían en los comisariatos y que debían por obligación consumir los trabajadores”, explica Bermúdez.

Esto, sumado al hecho de que la multinacional nunca contrataba directamente a la gran parte de los trabajadores y por ende, no consiguió que ni la multinacional ni el Gobierno Nacional reaccionaran a las peticiones de los trabajadores para exigir mejores circunstancias laborales, fueron los hechos que desde el 12 de noviembre de ese año, motivaron la huelga.