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Una desafortunada e inexacta opinión bordeó la reciente visita a Colombia del Papa número 206 de la Iglesia Católica. Esta afirmaba que el Papa Francisco “no venía hacer política” y que, en palabras del mismo jerarca, los Obispos colombianos “no son técnicos ni políticos”. Ante tales aseveraciones nos preguntamos: ¿entonces a qué vino el actual monarca del Estado del Vaticano? ¿Y qué papel juegan la oficialidad de la Iglesia Católica en la actualidad del país?

Es de amplio conocimiento que han jugado un papel destacado en la política colombiana, empero, en épocas recientes también lo han sido en buena medida las demás confesiones religiosas de corte protestante.

Son estas últimas las que le han recortado terreno a la otrora todopoderosa Iglesia Católica colombiana para instalar opiniones dominantes y conceptos como dogmas. Lo vimos en las pasadas votaciones por el No en el plebiscito y en la unción a candidatos y funcionarios de nuestro “laico Estado colombiano”.

No es gratuito que desde el Episcopado colombiano haya alabado su vista como una muestra fehaciente de que Colombia está entregada a la madre Iglesia Católica. Así resta camino al adversario protestante que se ha llevado por miles a su olvidado rebaño. Téngase en cuenta que hoy llenan estadios, amplían sus bodegas convertidas en templos, abren sucursales en los más deprimidos y variados lugares, y funcionan de domingo a domingo.

Por eso, el máximo administrador de los intereses del Vaticano vino a reclamar como suya la fe cristiana colombiana y de paso la región. Esto, además, de alinear a sus soldados de Cristo para que no cedan más terreno a los amados protestantes en la carrera por ganar las simpatías de “los pobres”, quienes evidentemente son las mayorías en los países de este hemisferio.

El mensaje es contundente: mandatar que los Obispos colombianos y toda su jerarquía se desmarquen de estar actuando como anexos de los tradicionales partidos políticos colombianos y del desprestigiado sistema partidista. Esto contrae una baja considerable en las favorabilidad política de la iglesia católica. Francisco viene a orientar que más bien se dediquen a recuperar los miles de files perdidos y se comporten como verdaderos representantes de los intereses divinos. Es decir, que se ahorren sus opiniones y banderas bipartidistas y salgan a reencontrarse con “los pobres”.

La institución católica está en crisis de credibilidad en la región: el lastre de los hechos de abuso a niños y niñas, su distanciamiento del Proceso de Paz colombiano, y su poca influencia en las pasadas elecciones del plebiscito así lo confirman. Por esto es más que necesaria la visita del Santo Padre y el espaldarazo oportuno al gobierno Santos, en su desfasada implementación de los Acuerdos de Paz con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

En conclusión, la política es cosa mortal, práctica del poder terrenal, que no puede hacerse cosa divina. Los intereses de clase están bien representados en proyectos políticos que los encarnan los hombres y mujeres. El tema de la Paz es la forma en que ambos jefes de Estado -el Papa Francisco y el Presidente Santos- llevan sus proyectos políticos adelante. Uno hace acto de presencia trayendo paz a “los pobres” y el otro afirma su discurso de pacificador.

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