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La oligarquía no pretende limitar su poder sobre el pueblo, por eso tortura y mata a los que logran gozar de libertad, tratando de trascender sobre la base de la lucha revolucionaria, para imponer el miedo y el terror y que el pueblo no vuelva a revelarse bajo forma alguna, ya sea con la fuerza o con la palabra: “detrás del dispositivo que parece reconocerme que parece reconocerme, ¿no hay también otros hombres que, en realidad, no quieren reconocerme sino sólo controlarme y acusarme?

“An evil prince eats a steamin’ pig in a chamber right near there/ He eats the snouts ‘n the trotters first/ The loin’s ‘n the groin’s is soon dispersed/ His carvin’ style is well rehearsed/ He stands and shouts/ All men be cursed/ All men be cursed/ All men be cursed/ All men be cursed/ And disagree, well no-one durst/ He’s the best of course of all the worst/ Some wrong been done, he done it first”

The torture never stop, Frank Zappa

 

Hechos recientes han demostrado la fiebre que provoca suponer la libertad de una exguerrillera o de un exguerrillero, un acontecimiento impensable para aquellos señores constructores de su orden y guardianes de la propiedad. Su empresa inició hace mucho, buscan que su estirpe se convierta en una élite intocable e inalcanzable, y creyéndose superiores someten a su servicio a millones de almas. No todas las almas estuvieron dispuestas a someterse a tal superstición, encontrando en la rebelión una forma de enfrentar la violencia que ha llevado mantener a todo un pueblo servil y plebeyo. Decidir ser un espíritu que se rebela con fuerza al servilismo, implica enfrentar la ferocidad de esas élites supersticiosas:

“Por eso la oligarquía nos va a perseguir cada día con mayor ferocidad. Cuando se dé cuenta de que sí estamos decididos a llegar hasta las últimas consecuencias en la lucha por la toma del poder para el pueblo, esa minoría que no ha vacilado en lanzar al país a la violencia, en vender la soberanía al extranjero, en convertir a nuestros soldados en un ejército ocupante de su propia patria, esa minoría a la que no le ha temblado la mano para mandar asesinar a los dirigentes populares, va a lanzar contra el Frente Unido del Pueblo y contra las organizaciones populares todo el peso de su aparato represivo” 1.

Como contemporáneos de nuestros tiempos, es necesario tomar las palabras de Camilo Torres en asuntos de rebelión y castigo. La furia de las élites lleva a servirse de cualquier medio para castigar la rebelión, y son las leyes y por las instituciones de encierro el camino institucionalizado, que muchas veces trae oculta a la muerte. Viendo la fuerza de esas acciones, Camilo Torres encuentra la forma de medir un espíritu revolucionario:

“Puede decirse que un buen termómetro para saber si una persona o una organización son revolucionarios, consiste en darse cuenta si la oligarquía la persigue o no. Entre más revolucionario sea, con toda seguridad más la va a perseguir. Tanto los extranjeros como la oligarquía saben distinguir muy bien quien quiere verdaderamente arrebatarles el poder para dárselo al pueblo, y quién sólo busca ventajas personales o de otro tipo” 2.

Los estados liberales no pueden perdonar la rebelión y la condenan por su naturaleza violenta, cayendo en la clásica contradicción liberal del estado, que condena la violencia con violencia. Camilo Torres lo llama la doble moral de la oligarquía:  

“Eso no nos debe sorprender, ni nos debe asustar. La oligarquía tiene una doble moral, de la cual se vale, por ejemplo, para condenar la violencia revolucionaria mientras ella asesina y encarcela a los defensores y representantes de la clase popular. Es la misma doble moral que tienen los Estados Unidos, que mientras hablan de paz, están bombardeando a Viet Nam y desembarcando en Santo Domingo. Por eso se entienden tan bien. Pero como nosotros sabemos que a todo el pueblo no lo van a poder encarcelar, ni los campesinos armados y organizados se van a dejar echar al mar, no nos asustamos de la represión que realicen contra nosotros.”

Las élites no perdonan la rebelión. Por eso, ante la libertad de los prisioneros y las prisioneras de las FARC – EP (en el marco del Proceso de Paz), las élites ahora se sirven de oscuros medios para evitar que esto no sea posible, y una forma de negar el hecho de libertad, es a través de la anulación física y simbólica de la vida, pretendiendo recluir eternamente a las huellas de la rebelión, en un celda, con vidrio en las comidas, tratando de desvanecer la historia y la personalidad de las y los excombatientes, alejándolas y alejándolos de la libertad, que ahora por ley les corresponde. Si el Estado da una respuesta y algunos/as empiezan a gozar de la libertad para encontrarse con la muerte:

“Yo ya he dicho que es un deber de los revolucionarios no dejarse asesinar. Que si nos persiguen en las ciudades, nos iremos a los campos, en donde estaremos en igualdad de condiciones con los enviados de la oligarquía. Desgraciadamente, no todos los revolucionarios pueden ni deben tomar esa medida extrema, y a muchos de ellos el gobierno de la oligarquía los apresará y quizás llegue, como todos los gobiernos tiránicos, hasta a torturarlos” 3.

Ser prisionero o prisionera política anula la personalidad jurídica que gozan los seres libres; sin embargo, es en las cárceles donde se está reconstruyendo esta personalidad cargada de historia, que hoy se replica en la llamada lucha con la palabra, que continúa cuestionando la superstición de las élites con la palabra. Detrás de las rejas las y los prisioneros construyen la dignidad política desafiando las máximas jurídicas, luchando por una libertad que es suya por derecho, no sólo por ser una guerrilla amnistiada sino por ser un pueblo revelado: “Pero el revolucionario que sea apresado, no deja de ser por eso un elemento valioso en la lucha revolucionaria” 4.

La oligarquía no pretende limitar su poder sobre el pueblo, por eso tortura y mata a los que logran gozar de libertad, tratando de trascender sobre la base de la lucha revolucionaria, para imponer el miedo y el terror y que el pueblo no vuelva a revelarse bajo forma alguna, ya sea con la fuerza o con la palabra: “detrás del dispositivo que parece reconocerme que parece reconocerme, ¿no hay también otros hombres que, en realidad, no quieren reconocerme sino sólo controlarme y acusarme? Y ¿cómo es posible comunicar no con una sonrisa o un gesto, no con gracia o reticencia, sino a través de una identidad biológica?” 5. Identidad biológica, que convierte seres en prisioneras o prisioneros, que amenazaron los cimientos de la “civilización”; la oligarquía no perdona que la rebelión campesina des-oculte su poder como un capricho supersticioso de ser los amos y señores de la patria. La dignidad política del ser libre se está construyendo con la lucha con la palabra, cumpliéndose así la promesa que las y los guerrilleros asumieron con el pueblo colombiano; es hora de exigir que el Estado cumpla, repudiando y condenando a aquellos oscuros señores que hacen de la paz una experiencia de muerte. Justicia por las y los exguerrilleros amnistiados muertos y perseguidos.   

Torres, Camilo. Mensaje a los presos políticos. Disponible en: http://www.camilovive.com/index.php/mensajes/49-mensaje-a-los-presos-politicos
Ibíd.
Ibíd.
Ibíd.
Agamben, Giorgio (2010), Medios sin fin. Valencia, España, Editorial Pre-Textos., p 77.
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palabrasalmargen.com/edicion-112/la-rebelion-no-se-perdona/