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En Colombia ha sido normal que el costo de vida vaya pegado al precio internacional del petróleo; si éste sube, se incrementan, por ejemplo, los precios de los alimentos por el alza en el transporte. No ha sido muy relevante ni de recordación, el caso contrario: que la canasta familiar se alivie por la caída del precio mundial de los combustibles.

También ha sido una práctica muy común de los dueños del dinero, aprovechar las situaciones de desgracia para hacerse a propiedades a bajo precio; sean estas viviendas a punto de ser rematadas por los bancos por atraso en los pagos, o tierras que los campesinos tengan que abandonar por causa de la violencia. Este

último caso, convertido en un negocio corriente y lucrativo en el que se aplican amenazas para promover el desplazamiento y adquirir unas buenas fincas, con pago o mejor sin él.

El cambio en la propiedad sobre la tierra y su concentración, ha sido dramático y sangriento a lo largo de la historia del país. Grandes empresarios nacionales y extranjeros, acaparan extensiones en las zonas de violencia y de desplazamiento. Algo más que simple casualidad o buena suerte para los negocios. Baste con mencionar a los Montes de María por su afectación a los minifundistas y a la producción agrícola. Luego de las masacres, del despojo y del destierro, aparecen las locomotoras minero-energéticas como plan de gobierno; planes perversos y criminales por su premeditada intencionalidad. Como lo fue recientemente y también en la violencia de los años cincuenta y previos.

En lo que tiene que ver con la migración de ciudadanos venezolanos hacia el paraíso colombiano, se dice, entre muchas otras cosas, que están siendo reclutados por la insurgencia o que son usados como “raspachines”. Pero surgen unas dudas: si son tan revolucionarios como para empuñar un arma en tierras extranjeras, lo más normal sería que se quedaran defendiendo el proceso en su país, fusil en mano. Apenas lógico. Si además, como dicen los medios colombianos, Venezuela es un “narcoestado”, lo más obvio sería que se quedaran allá explotando el negocio y no exponer su pellejo en el exterior.

Considerando lo que se comentó acerca de la relación del petróleo y el precio de la canasta familiar, si en Venezuela hay una crisis y no hay comida, ¿Por qué el gobierno colombiano no aprovecha para intercambiar gasolina a bajo precio, por alimentos? Así, de la misma forma en que se han aprovechado de la desgracia de los campesinos que habitan las zonas de masacres. Entonces el costo de la canasta familiar se vendría al piso por el impacto de los combustibles baratos, de acuerdo con la lógica que siempre han manejado para explicar las penurias al pueblo colombiano. Al caer el precio de los alimentos, se podría combatir el hambre en Colombia y quedaría más para intercambiar y así sí sería posible llamar hermano al vecino país, ayudándolo en la desgracia. Es un negocio redondo en el que ganarían los dos. Los pillos sí lo hacen y pasan el combustible de contrabando, con enormes ganancias para ellos y con la complicidad de las autoridades colombinas. Entonces, la actitud del gobierno, como que es otra, sirviendo de punta de lanza para el ataque y bloqueo al pueblo venezolano, sus gobernantes y a la Revolución Bolivariana.

En lo que respecta a lo que se conoce como geopolítica, la lucha es entre Estados Unidos y China. Para su crecimiento, los orientales necesitan petróleo y Venezuela lo tiene. Si el combustible sale por el Pacífico, se conseguiría una rebaja en su costo para los mandarines, lo que los norteamericanos no están dispuestos a permitir; el camino es Colombia; por tanto, este país tiene que ser enemigo de Venezuela. Los imperialistas son expertos en la creación de conflictos; por eso el bloqueo y la promoción de la migración de un lado para el otro con el fin de generar roces, odios, rechazos, agresiones; pagan asaltantes para atacar en cada bando y entonces, vendrá la guerra de retaliaciones. Luego cuando los países estén destruidos, aparecerán ellos como salvadores, bajo el supuesto de acabar con el conflicto y con la “ayuda humanitaria” para solucionar la crisis y tomar posesión de los recursos que requieren, en este caso, el petróleo (sin disparar un tiro, mientras los pueblos vecinos se destrozan azuzados por el fanatismo y por los medios de comunicación. Tal como lo están haciendo en la actualidad).

Estas son inconsistencias que tal vez el ciudadano de a pié no se plantea. Porque están sujetos a la manipulación mediática que los convierte en consumidores de noticias e interpretaciones mentirosas, originadas casi siempre por elites económicas, ahora aparentemente muy preocupadas por la suerte que puedan correr los pobres de Colombia. El temor de los opresores colombianos a la Justicia Especial para la Paz y al Socialismo, lo convierten en el temor de los desposeídos. Los potentados cumplen así la sagrada misión de pensar por los pobres y de decirles cómo deben actuar para que la opresión no cambie. Las personas deberían darse la opción de leer y formarse su propia opinión.

Otro aspecto muy particular es que la oligarquía que opera en Colombia, se vio obligada a construir casas gratuitas (dicen que cien mil), pero apenas como reacción al ver que la Revolución Bolivariana entregó un millón a sus ciudadanos. No vaya a ser que Colombia se convierta en Venezuela (es decir que saquen del gobierno a la minoría oligárquica traidora, violenta, corrupta e incapaz). 


Febrero 4 de 2018

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