Aviso

 

Volver trizas los acuerdos de paz, han sido los propósitos abiertos de la extrema derecha, al igual que los ocultos de la oligarquía y el imperialismo. El incumplimiento de pactos y las acciones encubiertas y oscuras contra el opositor, ha sido la práctica tradicional de quienes han detentado el poder político en Colombia. Es la forma de evitar el más mínimo cambio democrático y de proteger los privilegios que el modelo de dominación les garantiza.

En Colombia siempre ha existido una casta minoritaria a la cual todos los que estamos bajo este esquema de estado, tenemos que tributarles, cual monarquía medieval. (La DIAN dice haber recaudado cerca de 168 billones de pesos en el 2017, que con la corrupción van a parar a bolsillos privados). Es su forma de vida y sustento. Ocupan los cargos ejecutivos, legislativos, judiciales, de control, militares de alto rango, embajadas, consulados, ministerios y muchos más que se reparten según su rancio abolengo y línea dinástica.

Tal forma organizativa de dominación estatal, es mucho más que una simple descripción. Tiene consecuencias sociales que afectan la vida de todos sobre quienes se ejerce. No existe vida republicana, la constitución es nominal (retórica escrita para adecuarse a la modernidad sin ir más allá del snobismo); la distribución de poderes es una pantalla engañosa en un régimen fundamentalmente presidencialista y hereditario; las elecciones son una farsa periódica; los conceptos de ciudadano, democracia y nación son simples escritos en un libro constitucional sin carácter de contrato social.

Es aceptable que se proceda con los bienes privados, según sea el amaño de sus poseedores; pero no es así con los bienes públicos puesto que de esta forma se afecta la vida de toda una sociedad. Cuando lo público se convierte en un usufructo de particulares que se reparte mediante los caprichos de la corrupción, el gobierno se convierte en un cartel; la DIAN, en una organización extorsiva; las fuerzas armadas, en guardaespaldas, cobradores y sicarios; las instituciones, en un organigrama criminal; el sector financiero, en el “gota a gota”; las elecciones, en un concurso para quienes aspiran a ingresar a estas estructuras delictivas. (No le paguen a la DIAN, a ver qué les pasa; no cumplan el pagadiario, a ver qué les pasa; no paguen la vacuna en el barrio, a ver qué les pasa)

Cambiar este estado de cosas, no es nada fácil pues son fuertes los poderes de la oligarquía, la mafia y el imperialismo, que confluyen para conservarlo. La débil oposición, más que arriesgar sus alternativas sociales, exponen su propia vida, lo cual es el fin último y real significado de volver “trizas” los acuerdos de paz. La historia del país, lo confirma.

Lo pactado en el papel, abre las opciones de llevar el país a las formas modernas de la vida republicana -con todas sus implicaciones- y a estilos más civilizados y humanos de hacer política. De darse un triunfo presidencial de las fuerzas más recalcitrantes, tal como se avizora, el panorama será oscuro para la democracia real y el avance social. A veces llegan los momentos de comprender lo crucial y vital de las responsabilidades históricas.


Enero 19 de 2018

Additional information