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Grandes lecciones y enseñanzas deja a la lucha por la paz con justicia social la histórica huelga de hambre de Santrich y de 1500 prisioneros políticos de las Farc.

 Sacudió duro la histórica huelga de hambre de Jesus Santrich y de 1500 prisioneros políticos sometidos a la arbitrariedad y mentiras del régimen santista.

La huelga de hambre ha terminado y de inmediato debe aplicarse el Decreto 1252 del 2017, otorgando la libertad a quienes aun permanecen en las guaridas carcelarias del regimen oligarquico.

La acción de los huelguistas nos ha trazado la ruta de la lucha para exigir el cumplimiento de los acuerdos de paz. Es con la movilización de masas, con la lucha organizada de las masas que se deben llevar a la practica cada uno de los asuntos acordados para terminar la guerra.

Estan equivocados los que sugieren complacencia y tolerancia con el regimen dominante, que pretende utilizar la paz para reencacuchar el modelo neoliberal y para agredir a la Venezuela de Bolivar y Chavez.

Santrich ya es un símbolo de la resistencia y la lucha revolucionaria por la paz con justicia social y democracia ampliada para las grandes mayorías populares.

Hoy 21 de julio, ha puesto término a la huelga de hambre, que con otros 1500 guerrilleros de las Farc, adelantaron desde el pasado 26 de junio para protestar contra el incumplimiento reiterado y traicionero del gobierno del señor Santos en la implementación de los Acuerdos de paz firmados de buena fe por los delegados de la organización guerrillera desde el pasado 24 de noviembre; y para levantar y proyectar la movilización popular nacional en defensa de la paz y su construcción en los términos establecidos en los documentos correspondientes.

Se ha anunciado por el Ministerio de Justicia la expedición del Decreto 1252 del 19 de julio del 2017  mediante el cual se disponen  medidas concretas para agilizar la libertad de cientos de guerrilleros recluidos en las mazmorras del régimen santista, como las siguientes:

El trámite completo para las decisiones judiciales, respecto a los beneficios de la Ley 1820 de 2016 de amnistía e indulto, no podrá ser mayor a 10 días, contados a partir del momento en que se presente la solicitud del beneficio.

Es decir que los jueces solo cuentan con ese tiempo para decidir sobre la suerte de los candidatos a amnistía o indulto.

En el caso en el que el prisionero político que solicita este beneficio cuente con múltiples procesos o condenas, el funcionario que reciba la solicitud deberá pedir a las otras autoridades judiciales la remisión de las correspondientes piezas procesales que considere necesarias para efectos de decretar la conexidad de los delitos con el conflicto armado. Esta remisión se efectuará en máximo dos días.

Las autoridades de la Jurisdicción Especial para la Paz que cumplan con funciones judiciales serán las únicas competentes para determinar el vínculo entre los hechos y conductas cometidas con el conflicto armado y no un juez que actúa caprichosa y arbitrariamente como el desgraciado de Tunja.

Para otorgar la amnistía de iure, libertad condicionada, o traslado a la zona veredal transitoria de normalización, la autoridad judicial no necesitará del listado o la certificación de acreditación.

Una vez que la autoridad judicial ha concedido el respectivo beneficio, tendrá que comunicarlo o publicarlo en un lapso no mayor a cinco días contados a partir de la concesión del beneficio a la Secretaría Ejecutiva de la Jurisdicción Especial para la Paz.

Las personas que estén privadas la libertad por delitos que no son objeto de la amnistía de iure, que estén vinculadas a varios procesos o sentencias cometidas en el marco del conflicto armado, podrán tener libertad condicional siempre y cuando hayan permanecido al menos cinco años en prisión por uno de estos hechos.

Se trata de una gran conquista democrática y popular del movimiento social de los prisioneros políticos y sociales.

Esperemos que estas normas se cumplan de manera expedita para que la libertad llegue a nuestros compañeros en prisión y de esa manera hacer realidad la paz en ese aspecto.

Las enseñanzas de Santrich son varias.

Su ejemplo es contundente.

Santrich nos rescata el valor de la solidaridad, la dignidad, la compasión y la trascendencia de la lucha colectiva en la construcción de la paz.

No es la complacencia, la indiferencia, el turismo internacional convertido en forma de vida y la vida cómoda de algunos, sumidos en el triunfalismo, ni el aparatismo o el engreimiento, tan evidente en ciertas fichas seudo revolucionarias, el camino para la construcción de una paz que se articule a la perspectiva del socialismo.

Es que algunos siguen atrapados en el envanecido mundo de cúpulas y camarillas desuetas propias de facciones politiqueras y ajenas al compromiso revolucionario.

Sacrificio, tenacidad, voluntad de hierro y compromiso ético son los valores esenciales en la construcción de la paz.

Santrich y sus compañeros nos enseñan que es con el sacrificio y la lucha que lograremos la implementación de todos los acuerdos de paz. Solo por esa vía venceremos la mentira y la falacia santista que pretende hacer prevalecer su modelo neoliberal de pacificación a favor del capital, los banqueros, los generales y grandes terratenientes.

En la lucha por la paz democrática serán necesarios nuevos tipos de acción política, cuando la palabra y la deliberación muestran su insuficiencia, nos ha dicho Santrich. Son innumerables las modalidades: desobediencia civil; objeción de consciencia; paros; tribunales; huelgas; tomas; participación parlamentaria; plantones; revoluciones, etc.

La huelga tiene una larga tradición en este acervo de luchas de los pueblos y existen también diversos prototipos como las huelgas generales revolucionarias, huelgas políticas, laborales, de brazos caídos, de vientres, etc.

La huelga de hambre tiene ciertas peculiaridades que debemos comprender. Es una forma de protesta y rebeldía pacífica contra algo que se considera injusto, ilegítimo o inaceptable, con un papel importante de la voluntad y la resistencia individual y que cuestiona el sentido mismo de la vida.

Grandes lecciones que nos deja esta ejemplar gesta de los combatientes farianos.

Es la lucha que debemos proseguir con denuedo para exigir el cumplimiento estricto de los otros asuntos del Acuerdo de paz, para que se garantice la seguridad social, económica, política y de vida de miles de guerrilleros prestos a la acción democrática.

Son las formas de acción que se deben implementar en los 16 territorios de paz para exigir que se haga efectiva la Reforma Rural Integral y los Programas de Desarrollo con enfoque territorial.

No hay que bajar la guardia.

La lucha prosigue contra este régimen oligárquico y en descomposición.

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