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En días recientes el secretario general de la OEA declaró a la prensa mundial que renunciaría a ese cargo si en Venezuela se restablece la democracia. La primera pregunta que salta a la vista es ¿de cuál democracia habla él? ¿De la democracia que existía antes de llegar Hugo Chávez a la presidencia? ¿De la democracia de punto fijo en virtud del cual los dos partidos de estirpe conservadora se repartían el poder en forma alternativa? ¿De la democracia burguesa? ¿De la democracia de mercado capitalista? En todas ellas las mayorías son convocadas a las urnas con base en promesas siempre incumplidas, pero la realidad es que seguían en la miseria.

Lo cierto del caso es que ahora se está construyendo una nueva democracia con base en el pueblo, la autoridad viene de abajo hacia arriba, las relaciones entre el ciudadano y el gobierno son de tipo horizontal, es una democracia participativa, directa, busca la distribución de la riqueza con base en meritos no en el robo del presupuesto, privilegios irritantes e insultantes.


Este personaje deja la impresión clara de que la academia no le es familiar, que llegó a estos altos cargos como un camaleón, adaptándose al árbol que mejor sombra le dé. Ahora ocupa el puesto de secretario general de la OEA, y en lugar de ser un personaje conciliador entre los diferentes puntos encontrados, como se espera de un personaje que ocupa tan alto puesto, enfila todas sus baterías junto con los gobiernos incondicionales a EEUU, contra el pueblo Venezolano.


Con estos actos se pone al desnudo el nombre con que Cuba designó a este organismo: “departamento de colonias de EEUU”, y a su secretario como un hombre vulgar, mediocre, burócrata cuya meta es trepar en los altos puestos apoyado en su amplia capacidad de intriga, y adaptación a cualquier medio.


¿Cuántos verdes han corrido hacia su bolsillo por convertir a la OEA en una punta de lanza contra Venezuela?

NORBERTO BETANCOURT O.  

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